Santiago, R.D. – La Escuela de Teología de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) celebró la III Jornada de Teología, titulada “El joven en relación con el mundo y la Iglesia: repensar nuestra pastoral juvenil”, con la participación del reverendo padre Andrés Pérez Lizarazo como panelista invitado.
La jornada tuvo como propósito reflexionar y fortalecer el trabajo pastoral con los jóvenes, así como contribuir al debate teológico-pastoral sobre los desafíos actuales de la Iglesia, en coherencia con la misión de la PUCMM como universidad católica y pontificia, comprometida con la formación integral del clero y de los agentes de pastoral.
Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo del reverendo padre doctor Secilio Espinal, rector magnífico de la PUCMM, quien destacó la importancia de caminar junto a los jóvenes, escucharlos y discernir con ellos. “No podemos limitarnos a hablar sobre los jóvenes; estamos llamados a caminar con ellos, acogerlos, escucharlos y discernir juntos”, afirmó, al tiempo que recordó el compromiso institucional con una pastoral juvenil universitaria que forme personas íntegras, conscientes de su fe, críticas de la realidad y comprometidas con la transformación social.
La motivación principal fue ofrecida por el reverendo padre doctor Francisco Antonio Jiménez Rosario, director del Instituto Nacional de Pastoral, quien exhortó a continuar repensando la pastoral juvenil desde una perspectiva sinodal, donde los jóvenes sean protagonistas. Subrayó que la manera en que se formen hoy determinará el futuro de la sociedad y de la Iglesia, y destacó la necesidad de trabajar junto a ellos en sus parroquias, diócesis y comunidades.


Sobre la conferencia
Durante su ponencia, el padre Andrés Pérez Lizarazo explicó que la relación del joven con la Iglesia debe ser dinámica, desafiante y esperanzadora, marcada por un proceso continuo de renovación. Enfatizó que los profundos cambios sociales interpelan las formas tradicionales de hacer pastoral, por lo que la Iglesia debe repensarse, evitando propuestas rígidas y ofreciendo caminos que conecten con la vida concreta de los jóvenes.
En ese sentido, propuso una pastoral juvenil sinodal, en la que los jóvenes no sean solo destinatarios, sino protagonistas y agentes activos de evangelización, en un clima de corresponsabilidad, comunión y participación. Subrayó la importancia del testimonio entre pares, el cuidado mutuo y el lenguaje de la cercanía y el amor.
Asimismo, subrayó que no existe una juventud homogénea, sino “muchas juventudes”, condicionadas por factores culturales, históricos, económicos y sociales. Indicó que los jóvenes habitan un mundo en crisis, marcado por heridas, incertidumbres y conflictos, pero que al mismo tiempo despierta en ellos un profundo deseo de justicia, identidad, pertenencia y construcción de futuro.


El expositor destacó también la importancia del cuerpo y la afectividad como dimensiones centrales de la identidad juvenil, en diálogo con los avances tecnológicos, las redes sociales y las nuevas concepciones antropológicas. En este contexto, afirmó que la Iglesia está llamada a estar cerca de los jóvenes, reconociendo que Dios actúa en cada uno de ellos y acompañándolos especialmente en el ámbito digital, la migración y la erradicación de todo tipo de abusos.
Finalmente, destacó que la Iglesia debe presentarse para los jóvenes como hogar y comunidad, un espacio de acogida, cuidado y promoción de la vida, que ofrezca lugares de pertenencia, confianza y crecimiento humano y cristiano. La experiencia comunitaria, la liturgia, la Palabra de Dios, el servicio, el arte, el deporte y el cuidado de la creación fueron señalados como mediaciones concretas para el encuentro con Dios. Concluyó afirmando que la relación del joven con la Iglesia ha de ser misionera, inclusiva y acompañada.
Las palabras de cierre estuvieron a cargo del padre William Arias, director de la Escuela de Teología, quien agradeció la participación de los asistentes, representantes de diversas diócesis del país, y el apoyo del Instituto Nacional de Pastoral.
En la actividad participaron monseñor Fausto Mejía, obispo emérito de la diócesis de San Francisco de Macorís; el reverendo padre doctor Francisco Antonio Jiménez Rosario, director del Instituto Nacional de Pastoral; el reverendo padre Apolinar Castillo, encargado de la Comisión del Clero para la Arquidiócesis de Santiago. También vicarios de Puerto Plata, Mao, San Francisco de Macorís, La Vega y Santiago, miembros del clero, agentes de pastoral, directores y representantes de universidades e instituciones hermanas.
