Santiago, R.D.- La Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) entregó este sábado a la sociedad 1,273 profesionales, en la graduación número 113 del campus de Santiago, donde más de la mitad son egresados de programas de postgrado.
Como orador invitado, el presidente y socio fundador de CECOMSA, Fernando Rosario, reconoció el valor que para él tiene la inclusión social que ejerce la PUCMM, pues con sus orígenes humildes pudo estudiar y graduarse de ingeniero en esta universidad, gracias a un crédito educativo. Aquí les dijo a los graduandos que donde sea que inicien su camino profesional, “háganlo con un objetivo claro de superación, trabajen con disciplina, aprendan cada día y aspiren siempre a crecer dentro de la organización”. “Lo que hagan, háganlo bien. No por reconocimiento, sino por convicción. Porque el verdadero éxito no es llegar, es llegar con mérito”, puntualizó.
Compartimos a continuación su discurso íntegro:
Muy buenos días al Reverendo Padre Dr. Secilio Espinal, rector magnífico de nuestra Universidad, y en él la mesa de honor que preside este solemne acto. Muy buenos días a las autoridades universitarias, profesores, familiares e invitados especiales. Muy buenos días a los actores más importantes de esta graduación: LOS GRADUANDOS.
Antes de empezar mis palabras quiero presentar a mi amada familia: Mi esposa, Nancy Flete de Rosario, egresada de esta academia. Marlene y Fernando, dos egresados también. María Fernanda que, aunque estudió en una Universidad en el exterior, sirve a nuestra academia como docente en la Escuela de Arquitectura.
Para comenzar, quiero agradecer a nuestro Rector el alto honor que me concede al dirigirme a ustedes en mi casa, la que me vio nacer como profesional en el año 1986 y de la cual nunca me he separado. Aquí tuve el privilegio de desempeñarme como director académico del CEYSE, que luego pasó a llamarse el TEP, y desde hace varios años soy miembro de la Fundación Madre y Maestra, de la cual actualmente soy su vicepresidente.
Les tengo dos buenas noticias: mi intervención va a ser breve y con ella no voy a pretender darle una cátedra intelectual, sino más bien un testimonio de vida.
Nuestra Universidad se distingue por aspectos verdaderamente relevantes. Primero, por su campus universitario hermoso, único en el país y, sin duda, me atrevo a decir entre los más bellos del mundo. Segundo, por una educación fundamentada en la ética y en la fe cristiana, que no solo forma profesionales, sino también seres humanos íntegros. Y tercero, por su transformación tecnológica y su avance constante en la excelencia académica, lo que nos ha permitido ser ahora la primera Universidad Dominicana en los rankings mundiales, mejorando posiciones en los últimos años a nivel global
Y esto último se ha logrado, y por qué no decirlo, bajo el liderazgo de su magnífico rector, Rev. Dr. Secilio Espinal, para quien pido un aplauso en reconocimiento a su gestión y entrega. Ahora bien, ¿qué es lo que hace que esta Madre y Maestra sea grande? ES LA INCLUSION SOCIAL. Y quien hoy tiene el privilegio de dirigirse a ustedes es un ejemplo vivo de ese gran mérito de nuestra Universidad. Permítanme explicárselo brevemente.
Me gradué del bachillerato en 1981, en un liceo modelo dirigido por los padres Jesuitas en Cutupú, La Vega. Por mis notas sobresalientes se me otorgó una beca para estudiar en una prestigiosa Universidad de Santo Domingo. Para muchos, eso era el gran logro. Sin embargo, dos factores me llevaron a rechazar esta beca: el traslado a Santo Domingo con pocos recursos y, sobre todo, que allí no se impartía la carrera que realmente sentía en mi corazón que debía estudiar.
Fui donde el padre Ignacio del Villar, director en esa época, y le hablé con sinceridad. Le dije: Padre, no quiero ir a Santo Domingo, quiero ir a estudiar a UCMM. Recuerdo sus palabras como si fuera ayer: “Hijo, todo tiene solución; allí puedes optar por un crédito educativo”. Y así fue como llegué aquí… con un sueño, con limitaciones, pero con la convicción profunda de que este era el lugar indicado para formarme y construir mi futuro.
Ya ustedes comprenden que el mayor mérito de esta Universidad es la INCLUSIÓN SOCIAL.

Estoy seguro de que muchos de los que hoy reciben sus grados académicos se ven reflejados en esta historia, porque gracias a una beca o a un crédito educativo pudieron hacer realidad este sueño. En esta alta casa de estudio, lo verdaderamente importante es el talento. Aquí las oportunidades no dependen del origen, sino del esfuerzo y la capacidad de cada estudiante.
Estimados graduandos, este es un día que recordarán toda la vida, especialmente quienes hoy reciben su primer grado. Salgan de este acto solemne con orgullo por lo que han logrado, porque detrás de ese título hay sacrificio y perseverancia. Pongan en práctica lo que aprendieron, porque no hay mayor satisfacción que trabajar para lo que nos formamos. Lleven su título académico simbólicamente colgado del pecho por haberse graduado en la mejor Universidad de este país.
En los nuevos retos que les esperan, sin importar la carrera que hayan elegido —ingeniería, medicina, arquitectura, negocios, derecho, educación o cualquier otra profesión— encontrarán jefes exigentes, clientes complejos, proyectos que pondrán a prueba su capacidad, éxitos que los llenarán de orgullo y también tropiezos que los harán crecer. Pero ya están preparados. Porque aquí también enfrentaron desafíos: profesores exigentes, evaluaciones que no siempre salieron como esperaban y momentos de incertidumbre. Y gracias a su capacidad, a su esfuerzo y a su determinación, hoy estamos aquí celebrando.
Si el que le habla no hubiera tenido la fortaleza y la valentía, no tuviera este alto honor de compartir estas palabras con ustedes. Imagínense que en mis primeros 3 semestres, dos compañeros con deseo de superación salíamos todos los días a la autopista Duarte a esperar lo que el pueblo llama popularmente “bola” para llegar a la Universidad y otra para regresar.
Imagínense lo que nos pasó en más de una ocasión: llegar media hora después de haber comenzado un examen. Si su primera experiencia laboral es enuna empresa, en una institución pública, en un hospital, en un estudio de arquitectura, en un tribunal, en un aula o en cualquier espacio donde inicien su camino profesional, háganlo con un objetivo claro de superación. Trabajen con disciplina, aprendan cada día y aspiren siempre a crecer dentro de la organización.
Permítame decirle en nuestra empresa , tenemos casos de éxitos de superación. Por ejemplo, la que fue nuestra asistente hoy es la Gerente de Mercadeo y con orgullo es profesora de esta rama precisamente aquí.
Su meta, queridos graduando es que ustedes logren el privilegio de elegir donde quieran colaborar, ganarse el respeto por su formación y liderazgo y, como le dije anteriormente, llevando con orgullo su Universidad, porque ahora tiene dos madres: una que los trajo al mundo y otra que lo formó en lo académico para servir a su familia y a su país.
Los empresarios académicos tenemos que dirigir nuestras empresas con respeto a nuestros colaboradores, darle las oportunidades para que se desarrollen. Cuando un profesional ético y comprometido se va de una organización debemos revisarnos; ahora, cuando se va a empezar su propio emprendimiento, debe celebrarse como éxito.
Los proyectos que tengan en mente, algunos se lograrán y otros no. Eso es parte del camino. Pero ustedes fueron formados para perseverar, para levantarse y continuar. Lo que hagan, háganlo bien. No por reconocimiento, sino por convicción. Porque el verdadero éxito no es llegar, es llegar con mérito. La mayor satisfacción no está en el aplauso, sino en el respeto que se gana con integridad y en el abrazo de quienes se sienten orgullosos de ustedes.
En esta nueva etapa de sus vidas, no olviden lo siguiente:
Su Universidad. Esta madre que los formó necesita del compromiso de sus hijos para seguir formando a otros. Regresen como docentes, como aliados, como donantes; así se sostienen las grandes academias del mundo.
Su familia, que —como en mi caso— se sacrificó para que hoy ustedes estén aquí. Y quienes han tenido la bendición de contar con recursos, honren ese esfuerzo protegiendo y multiplicando lo que han recibido.
Y a quienes han llegado hasta aquí por su propio esfuerzo, quiero decirles algo muy especial: su mérito es inmenso. Ustedes son prueba viva de carácter, disciplina y determinación. Sigan adelante con esa misma fuerza, porque nadie les ha regalado nada y eso les da una fortaleza extraordinaria.
Les deseo una vida plena. Que pongan siempre a la familia — la que tienen y la que construirán— en el centro de sus decisiones. Y para quienes aún no han formado un hogar, que Dios les conceda la bendición de elegir a alguien que sea compañera o compañero en su felicidad. Bendiciones para todos… y que este sea apenas el comienzo de sus mayores logros.
Disfruten su día.
