Santo Domingo, RD.- Más de 160 estudiantes de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) participaron en una jornada de limpieza y sensibilización ambiental realizada en la playa Gringo, ubicada en Haina, provincia San Cristóbal, como parte de la asignatura Cambio Climático y Ciencia Ambiental, de Estudios Generales.
Los estudiantes del área de Ciencias Ambientales, organizados en grupos de cuatro personas, recolectaron plásticos, vidrios, metales, madera y otros residuos sólidos que contaminaban la playa, con el acompañamiento de cuatro docentes, encabezados por la profesora Indira Díaz, responsable de la iniciativa.

Antes de iniciar la recolección, el guardacosta de la Fundación Vida Azul, Marino Mateo Sánchez, ofreció una charla de orientación en la que destacó la importancia de generar un cambio de comportamiento frente a la contaminación ambiental. "El objetivo de nosotros hoy es ayudarlos y orientarlos, no realizar una limpieza de playa. Nosotros no vinimos a limpiar la playa, nosotros vinimos a hacer un cambio de conciencia. Vamos a usar mucho ese término: conciencia, conciencia, conciencia", expresó.
El especialista explicó que, aunque la playa pueda volver a contaminarse con el paso del tiempo, el verdadero impacto de la jornada radica en la transformación de quienes participan. "Dentro de una semana o un mes ustedes volverán acá y encontrarán la playa igual de sucia. Pero ¿quiénes no van a estar igual? Nosotros, porque aquí vamos a empezar a adquirir conciencia".
Durante su intervención, Sánchez alertó sobre la creciente contaminación por residuos sólidos en el país y sus efectos sobre los ecosistemas marinos. "Anualmente mueren más de 100,000 especies marinas por la ingesta de los desechos sólidos que nosotros, de una manera irresponsable, arrojamos al medio ambiente", señaló.


Asimismo, explicó el tiempo que tardan algunos materiales en degradarse y el impacto que generan sobre la biodiversidad. "El plástico, dependiendo de su composición, puede durar entre 400 y 1,000 años en degradarse, y muchas veces solo estuvo en nuestras manos dos minutos".
Al referirse al vidrio, destacó que este material permanece durante miles de años en el ambiente. "La naturaleza tarda aproximadamente entre 4,000 y 5,000 años para desintegrar el vidrio, y nosotros, sin pensarlo dos veces, dejamos una botella abandonada en la playa".
El guardacosta también hizo énfasis en los daños ocasionados por el foam (poliestireno expandido), al que calificó como uno de los principales contaminantes. "Este es nuestro enemigo número uno. El foam no se descompone; se fragmenta en microplásticos que terminan siendo ingeridos por los peces y llegan también a nuestro organismo".
En ese sentido, exhortó a los estudiantes a adoptar hábitos de consumo más responsables. "Yo los reto a que empiecen a reducir el uso de este material. La naturaleza misma nos devuelve todo lo que le estamos haciendo y terminamos con microplásticos en nuestro organismo".


























